FRANCO GALICHINI*

El desgaste del partido hegemónico y la recomposición de la izquierda. Una nueva correlación de fuerzas que enfrenta al PRI a un escenario electoral incierto de cara a las presidenciales de 2018.  

El domingo 4 de junio se celebraron las elecciones para gobernador en los Estados de Coahuila, México y Nayarit en una jornada que se esgrimió como preámbulo de cara a las elecciones presidenciales del año siguiente. Particularmente para el Partido Revolucionario Institucional (PRI), el partido de gobierno, fue una elección de mucha incertidumbre porque en los tres Estados donde gobernaba parecía que peligraba su continuidad en el poder.

Con el triunfo en Coahuila y Edomex (este último empañado por las denuncias de fraude provenientes del frente Movimiento Regeneración Nacional -MORENA- una vez consumado el recuento preliminar de votos), y a contrapelo de la contundente derrota en el Estado de Nayarit, donde la fórmula del Partido Acción Nacional (PAN) se impuso con casi 40% de los votos, el mapa político nacional quedó conformado del siguiente modo: 15 gobernaciones para el PRI, 12 para el PAN, 4 para el Partido de la Revolución Democrática (PRD), y una para el mandatario Independiente de Nueva León, Jaime Rodríguez Calderón (alias El Bronco). Un dato significativo emerge de esta caracterización político territorial: la mayor parte de las entidades de la Unión serán gobernadas por la oposición o por un gobernante independiente. Con esta correlación de fuerzas, el PRI se enfrenta a un escenario de elecciones presidenciales en 2018 bajo las condiciones más desfavorables de su historia en cuanto a liderazgos estaduales.

[…] la mayor parte de las entidades de la Unión serán gobernadas por la oposición o por un gobernante independiente. Con esta correlación de fuerzas, el PRI se enfrenta a un escenario de elecciones presidenciales en 2018 bajo las condiciones más desfavorables de su historia en cuanto a liderazgos estaduales.

mex20172La elección del Estado de México fue particularmente emblemática para el presidente Peña Nieto. Después de 88 años ininterrumpidos de gobierno, la opción de que el PRI perdiera, parecía una posibilidad cierta con el agravante de que ese Estado había sido gobernado por el propio presidente durante el período 2005-2011.

El vertiginoso despunte en el conteo preliminar de la fórmula de izquierda del MORENA, con la candidata Delfina Gómez, preocupó a la dirigencia del PRI, que llevó como candidato a Alfredo Del Mazo y experimentó en carne propia la materialización de un certero contrincante partidista de cara al año entrante.

La candidata de la fuerza MORENA, se presenta como una opción alternativa a las opciones tradicionales del campo de izquierdas. Su acento puesto en la idea del cambio, planteado en términos pacíficos y democráticos, con una retórica pluralista e incluyente, hacen del partido un intento serio de reconstrucción orgánica de la izquierda. Las consignas priistas acerca de la factibilidad de que el Edomex se convierta, bajo la administración de Delfina, en una “futura Venezuela” parecieran no haber calado hondo en el electorado mexiquense. A priori, la pregunta que emana de la elección es la siguiente: ¿Podrá Morena sintetizar la diversidad de las alternativas de izquierda y convertirse en una fuerza de relieve nacional? Ese, pareciera ser parte de sus desafíos.

La elección del Estado de México fue particularmente emblemática para el presidente Peña Nieto. Después de 88 años ininterrumpidos de gobierno, la opción de que el PRI perdiera parecía una posibilidad cierta, con el agravante de que ese Estado había sido gobernado por el propio presidente durante el período 2005-2011.

mex2017La del domingo fue una elección que tuvo en vilo a todo el gobierno federal y a la estructura íntegra del PRI, que logró frenar una caída política que se venía experimentando desde la última elección. La ajustada victoria en el Estado de México es un triunfo muy sufrido para el PRI, que deja muchos interrogantes de cara a las elecciones presidenciales del próximo año, y la incógnita acerca de quién podría ser el candidato más competitivo para el 2018 sigue inconclusa.

Como colorario, las elecciones del 4 de junio han puesto de manifiesto un creciente desgaste del partido otrora hegemónico, al tiempo de que hablan de un intento de recomposición histórica por parte de las coaliciones opositoras.

La ajustada victoria en el Estado de México es un triunfo muy sufrido para el PRI, que deja muchos interrogantes de cara a las elecciones presidenciales del próximo año, y la incógnita acerca de quién podría ser el candidato más competitivo para el 2018 sigue inconclusa.

El principal desafío que se le presenta a la dirigencia del PRI pareciera expresarse a través de la izquierda, que no ha logrado presentar un frente unido. Hasta el momento, las alternativas de la izquierda política provienen del PRD y MORENA, cuyo fundador y líder, Andrés López Obrador se posiciona favorablemente para la disputa en 2018.

Quizás en respuesta a dicha percepción fraccionalista, las primeras declaraciones de Del Mazo (PRI) apelaron a un discurso de unidad y de permeabilidad para con las voces opositoras. Mientras tanto, en el Palacio Nacional, Peña Nieto puede descansar al menos un breve tiempo, porque el baluarte fundamental de la estructura política del PRI, el Estado de México, sigue siendo tricolor.

[…] en el Palacio Nacional, Peña Nieto puede descansar al menos un breve tiempo, porque el baluarte fundamental de la estructura política del PRI, el Estado de México, sigue siendo tricolor.

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*Sociología (UBA). Integrante del Observatorio Electoral de América Latina (OBLAT). Email: francogalichini1993@gmail.com

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