AMILCAR SALAS OROÑO

La reciente consumación del golpe de Estado en el gigante sudamericano dejó en evidencia, más allá de la violencia simbólica y política de las elites locales, los límites y alcances del PT y del propio sistema político altamente fragmentado. En contexto, ¿hacia dónde va el PT? ¿Apertura de un nuevo ciclo político o prolongación del imperio de la realpolitik?


Un partido político, partiendo de sus características propias, va definiendo su actuación en interacción con el resto de los partidos, esto es, en qué lugar de las opciones ideológicas en disputa se ubica, qué grupos sociales pretende representar, qué memorias históricas rescata, qué políticas de alianzas se da. Es un juego de interacciones por los espacios en el que, al ir cambiando los elementos y la dinámica del sistema, las adaptaciones al contexto empujan a cambios y metamorfosis de los puntos de partida originarios. En esta interacción del partido con los ambientes –sean nuevos clivajes sociales, reglas institucionales u otras formaciones partidarias– pueden registrarse las tendencias que marcan su evolución. Tendencias que no son definitivas ni irreversibles pero que permiten identificar el perfil que va cristalizando un partido. ¿Hacia dónde va el Partido dos Trabalhadores?

El presidencialismo de coalición y el impeachment

uipi-Impeachment-de-Collor-completa-20-anos-29092012El impeachment a F. Collor, en 1992 –muy diferente en sus aspectos jurídico-político al del Dilma Rousseff del 2015/2016– fue decisivo respecto de la dinámica que asumió el presidencialismo brasileño. A partir de entonces, quedó claro que para lograr una gobernabilidad sostenida se imponía una transacción entre, de un lado, apoyos parlamentarios y, como retribución, presencias en el Poder Ejecutivo: era eso o el Presidente estaría a merced de investigaciones parlamentarias o, como se vio, su enjuiciamiento.

El impeachment a F. Collor, en 1992 –muy diferente en sus aspectos jurídico-político al del Dilma Rousseff del 2015/2016– fue decisivo respecto de la dinámica que asumió el presidencialismo brasileño. A partir de entonces, quedó claro que para lograr una gobernabilidad sostenida se imponía una transacción entre, de un lado, apoyos parlamentarios y, como retribución, presencias en el Poder Ejecutivo: era eso o el Presidente estaría a merced de investigaciones parlamentarias o, como se vio, su enjuiciamiento.

485769_4683364813071_1779613138_nPor eso F. H. Cardoso, hacia la elección de 1994 – y lo repetiría en 1998- fue en búsqueda de partidos que, en principio, nada tenían que ver con el perfil originario del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), todo lo contrario, representaban a los sectores más conservadores de la escena política brasileña, como el entonces Partido del Frente Liberal (PFL) y ciertos sectores del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB). Este intercambio –el “presidencialismo de coalición”– se resquebraja temporariamente hacia el final del segundo mandato de F. H. Cardoso: con el trasfondo de una situación económica y social bastante compleja, desencuentros personales entre el Presidente y Antonio Carlos Magalhaes –entonces Presidente del Senado, del PFL– y disputas con la familia Sarney por las candidaturas del 2002, entre otras cuestiones internas del subsistema político, la unidad de la “coalición presidencial” se termina evaporando. Una circunstancia precipitada, también, por lo que significó, como variable ad-hoc, la reorganización del mapa político a partir de la “moderación” de la candidatura de Lula con la explicitación de la “Carta al Pueblo Brasileño” meses antes de las elecciones.

En tanto ocupaba un espacio opositor, atrayendo centrípetamente para sí a otras fuerzas políticas – y, sobre todo, a diversos actores sociales– de orientación ideológica congruente, el Partido dos Trabalhadores (PT) se mantuvo relativamente inmune a las constricciones del contexto, lo que no significa que su identidad política originaria no sufriera transformaciones durante el período. Será recién el “escándalo del mensalao” en el 2005, con el PT ya en el gobierno, el que lo depositaría de frente a la necesidad de acomodarse ante las reglas del sistema: si el “trauma” del impeachment de F. Collor fue para F. H. Cardoso el estructurador de su política de alianzas, el “escándalo del mensalao” fue para Lula y el PT el acontecimiento que marcará el ingreso del partido a la mecánica del “presidencialismo de coalición”. Es sólo comparar la conformación de las coaliciones electorales del 2002 –el PT y otros cuatro partidos menores– con las del 2010 y del 2014 –el PT y otros nueve partidos, para nada menores, como el PMDB– que queda claro cómo se da este pasaje.

Será recién el “escándalo del mensalao” en el 2005, con el PT ya en el gobierno, el que lo depositaría de frente a la necesidad de acomodarse ante las reglas del sistema: si el “trauma” del impeachment de F. Collor fue para F. H. Cardoso el estructurador de su política de alianzas, el “escándalo del mensalao” fue para Lula y el PT el acontecimiento que marcará el ingreso del partido a la mecánica del ‘presidencialismo de coalición’.

partido_del_trabajo_ptLo curioso es que el PT nunca logró desarticular los condicionamientos que esa dinámica imponía, si es que alguna vez se lo propuso; cuando la pauta de la Reforma Política apareció con más fuerza social –en junio del 2013– las características del sistema ya estaban consolidadas. Por ejemplo, por la forma en que se dieron las distribuciones de las candidaturas para las elecciones municipales del 2012 (que representaron un retroceso del PT en las ciudades denominadas “grandes”, salvo San Pablo) quedó bien claro que los “aliados” ya no negociarían sus compromisos de apoyo únicamente en las rondas donde estuvieran en disputa la Presidencia y los cargos parlamentarios. Sino que los términos de los acuerdos ahora serían discutidos a todo momento, en contratos temporarios cada vez más cortos; algo así como un “presidencialismo de coalición” pero minuto a minuto. Y con un agravante. En la mesa de los repartos, el PMDB ya se había convertido en el interlocutor que concentraba todos los reclamos “aliados”: los propios –como el partido más grande del sistema–, los de los partidos menores y los de los partidos medianos que –como el PSD– habían sido “creados” precisamente por el propio PT para desinflar al PMDB.

En la mesa de los repartos, el PMDB ya se había convertido en el interlocutor que concentraba todos los reclamos “aliados”: los propios –como el partido más grande del sistema–, los de los partidos menores y los de los partidos medianos que –como el PSD– habían sido “creados” precisamente por el propio PT para desinflar al PMDB.

El PT y el desacople del sistema político

fotor090411298_0Frente a las presidenciales del 2014, en lugar de establecer una revisión estratégica del cuadro de situación el PT optó por seguir con las mismas tácticas, cada vez con menos margen de maniobra. La inercia general se completaría ese año con un escenario parlamentario más dificultoso. No sólo por la alta fragmentación de partidos con representación en el Congreso (28) sino por las características de los mandatos que venían a cumplir los representantes: sin reglas claras para el financiamiento electoral, fue la campaña más cara de la historia latinoamericana –en total, los gastos oficiales computaron más de 5.000 millones de Reales– siendo que los financiadores privados tendrían desde entonces un vehículo más directo (en “sus” congresistas) para velar por sus intereses. Así, una parte del Congreso ya se autonomizaba de cualquier discusión ideológica, proyectual o programática quedando abierto el camino para el golpe parlamentario; la circunstancia expresaba una derrota aún en la victoria de Dilma Rousseff en su reelección.

Frente a las presidenciales del 2014, en lugar de establecer una revisión estratégica del cuadro de situación el PT optó por seguir con las mismas tácticas, cada vez con menos margen de maniobra.

La falta de control de la situación se cristalizó unos meses después con la elección que consagró a Eduardo Cunha como Presidente de la Cámara de Diputados, en el verano del 2015; a partir de entonces, el PT ya no tuvo ninguna influencia en la confección de la pauta parlamentaria y fue asistiendo a la salida progresiva de los “aliados” de la “coalición”: la decisión de Dilma –en su última reforma ministerial, octubre del 2015– de ampliar el número de ministerios bajo custodia del PMDB fue apostar en el “presidencialismo de coalición” cuando éste ya había dejado de existir. Si se comparan las votaciones en diputados que consagraron a Eduardo Cunha como Presidente de la Cámara y la que determinó el juicio político a Dilma (17 de abril del 2016) puede verse que los números son los mismos, casi con exactitud (366/367 diputados contrarios al gobierno, en las votaciones respectivas). Que en un año y meses no se haya modificado en nada la correlación de fuerzas es elocuente que el PT ya ni siquiera interactuaba en el sistema; si es cierto que tener el gobierno no implica tener el poder, asumir la presidencia ya no significaría tener el gobierno.

Que en un año y meses no se haya modificado en nada la correlación de fuerzas es elocuente que el PT ya ni siquiera interactuaba en el sistema; si es cierto que tener el gobierno no implica tener el poder, asumir la presidencia ya no significaría tener el gobierno.

doacoes-partidos_9f4ee5cbLa “adaptación” del PT al sistema terminó de la peor manera. Pero de su ciclo político deben sacarse algunas conclusiones porque es un problema estructural para las fuerzas de izquierda, esto es, cómo actuar transformando las reglas institucionales y consuetudinarias de los sistemas políticos para no quedar atrapados en sus dinámicas, que son, y siempre lo serán, reproductoras de los órdenes establecidos. ¿Hacia dónde va el PT? Tendrá que volver a definirlo extrayendo las conclusiones necesarias de lo ocurrido. Por el momento, las señales no son las más auspiciosas: en las próximas elecciones municipales de octubre de este año, y tras Dilma haber sido objeto de un golpe, el partido va en “coalición” con el PMDB en 1260 municipios y con el PSDB en 734. A veces el realismo político tiene que tener un límite.

Politólogo. Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe (UBA)

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