PABLO VOMMARO*

La politización de las juventudes en Argentina durante las últimas décadas. La militancia juvenil, sus vínculos con el Estado y el territorio. Reflexiones acerca de las organizaciones kirchnernistas y los debates que se vienen.

pdm55638b898d77b_1420_!Es cada vez más indiscutible que las juventudes adquirieron en los últimos años un lugar fundamental en las dinámicas económicas, sociales, políticas y culturales tanto en la Argentina como a nivel mundial. En la Argentina de la última década, el lugar de la participación política de las juventudes fue uno de los debates principales. Hubo un crecimiento de la participación juvenil, ya sea a través de las vías convencionales –partidos, sindicatos y grupos de interés- como por medios no institucionalizados.

A contrapelo de los sentidos comunes que creen que la participación juvenil es un dato de los últimos años, creemos que la politización fue resultado de un proceso iniciado en décadas anteriores. La novedad consiste en que hay una mayor participación de las juventudes en espacios institucionales que, tiempo antes, eran deslegitimados como ámbitos de compromiso juvenil. Así y todo, la participación de los jóvenes en espacios autónomos, territorializados y alternativos, continúa siendo vigente. En una palabra, más que un reemplazo de las prácticas políticas, podemos decir que existen superposiciones, pliegues, cruces y actualizaciones de formas anteriores.

Hay una mayor participación de las juventudes en espacios institucionales que, tiempo antes, eran deslegitimados como ámbitos de compromiso juvenil.

54569651362f8_cropEn Argentina, durante la última década se pueden identificar tres vertientes o formas de participación política juvenil, que denominamos configuraciones generacionales de la política: la estudiantil, con los procesos de ocupación de escuelas secundarias en la Ciudad de Buenos Aires y algunas provincias a partir de 2006; la de las juventudes político partidarias, entre las que se destacan las denominadas juventudes K, como La Cámpora, el Movimiento Evita y diferentes variantes de la Juventud Peronista, que en 2012 confluyeron en el espacio denominado Unidos y Organizados, pero donde también hay otros grupos; y la de los colectivos territoriales y culturales, que mantienen y actualizan sus formas de organización en los barrios y establecen diversos vínculos con el estado. Desde el retorno democrático no se había constatado el crecimiento de una agrupación juvenil, como ocurrió con el kirchnerismo, que tuviera presencia en todo el país y apoye al partido en el gobierno.

Desde el retorno democrático no se había constatado el crecimiento de una agrupación juvenil, como ocurrió con el kirchnerismo, que tuviera presencia en todo el país y apoye al partido en el gobierno.

Existen dos formas en las que se presenta la relación entre la militancia juvenil kirchnerista –en particular de La Cámpora- y el Estado (Vázquez y Vommaro, 2012). Por un lado, una militancia desde el Estado, encarnada por los miembros de la agrupación que, además de ser militantes, se desempeñan laboralmente en dependencias estatales. Es la situación de aquellos que ocupan cargos de gestión y se reivindican públicamente como activistas de La Cámpora, como también de las personas que trabajaban en el Estado con anterioridad y que -producto de la vinculación con las agrupaciones juveniles kirchneristas- resignificaron su desempeño laboral allí. Por otro, una militancia para el Estado o por el Estado, en la cual los jóvenes organizados se definen como activadores de las políticas públicas desarrollando prácticas que nombran como bajar planes y programas sociales en diferentes barrios.

Así, el Estado es visto como una herramienta de transformación y un espacio de disputa que es preciso ocupar y al que hay que dedicarle esfuerzo militante. Esto contrasta con la concepción de la política que primaba en algunos colectivos de militantes juveniles en los años noventa –que podemos caracterizar como una militancia en paralelo o contra el Estado-, en muchos de los cuales se politizaron muchos de los dirigentes de La Cámpora.

El Estado es visto como una herramienta de transformación y un espacio de disputa que es preciso ocupar y al que hay que dedicarle esfuerzo militante.

Sin embargo, este regreso de la política vinculada a los partidos y a los canales institucionales propuestos desde el Estado no es una réplica de momentos anteriores. Al contrario, se asienta sobre nuevas bases caracterizadas por tres nociones fundamentales: territorio, politización y espacio público o común. En definitiva, más que un regreso, podemos hablar de una reactualización o resignificación de elementos presentes en momentos anteriores. Entonces, entre la disrupción y la integración, entre la continuidad y la innovación, entre la autonomía y el Estado se dirimen las configuraciones generacionales de la política de las juventudes argentinas en la actualidad. Este domingo 25 de octubre se realizarán las elecciones presidenciales y el lugar de las juventudes forma parte, también, de los debates y desafíos que se vienen.

* Investigador del CONICET, profesor de la UBA y miembro de CLACSO @pablovommaro

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