JUAN PABLO ARTINIAN*

Una mirada desde América Latina a 100 años del genocidio armenio. Entre 1915 y 1923 hubo cerca de un millón y medio de personas asesinadas o desaparecidas. Reclamo por memoria, verdad y justicia. El reconocimiento del genocidio armenio en Argentina en el año 2007.

El genocidio sufrido por el pueblo armenio constituye un crimen impune hasta nuestros días. Entre los años 1915 y 1923 se estima que fueron exterminadas por el Imperio Turco-Otomano un millón y medio de personas. Cien años después este genocidio permanece silenciado por gran parte de la opinión pública global. Sin embargo, el papel de América Latina ha sido central, ofreciendo refugio a sus sobrevivientes así como solidarizándose con el reclamo de justicia por este crimen contra la humanidad.

El Genocidio Armenio 1915-1923: los hechos
Los armenios son un pueblo con más de tres mil años de historia y una compleja cultura que incluye un alfabeto propio y la temprana adopción del cristianismo como religión de Estado. A partir del siglo XVI los armenios habían quedado sojuzgados dentro del Imperio Otomano. A fines del siglo XIX durante el reinado del Sultán Abdul Hamid II fueron asesinados 300.000 armenios. En 1908 el Sultán fue desplazado del poder y tomó el control del imperio el partido de los “Jóvenes Turcos”. A partir de 1913 el ala más xenófoba de ese partido concentró las decisiones en un triunvirato donde el Ministro del Interior Talat, se convertía en el arquitecto y principal responsable del Genocidio.

En el contexto de la Primera Guerra Mundial los “Jóvenes Turcos” tuvieron la oportunidad propicia para ejecutar el genocidio. Ese partido tenía como objetivo la creación de un imperio étnicamente uniforme

En el contexto de la Primera Guerra Mundial los “Jóvenes Turcos” tuvieron la oportunidad propicia para ejecutar el genocidio. Ese partido tenía como objetivo la creación de un imperio étnicamente uniforme. A partir de una ideología que tomaba prestados términos pseudo-científicos se llegó al diagnóstico de que la decadencia del imperio estaba vinculada con la presencia de minorías. Por tanto, estas debían ser erradicas para siempre creándose una “Turquía para los turcos”.

El 24 de Abril de 1915 comenzó el secuestro de intelectuales, periodistas y clérigos de la comunidad armenia en Constantinopla. El primer objetivo era descabezar a la élite para evitar que se organizara la resistencia. […] Una vez exterminado este primer grupo, se avanzó con la destrucción de mujeres, niños y ancianos

El 24 de Abril de 1915 comenzó el secuestro de intelectuales, periodistas y clérigos de la comunidad armenia en Constantinopla. El primer objetivo era descabezar a la élite para evitar que organizaran la resistencia. Al mismo tiempo, los jóvenes armenios que se encontraban peleando junto a las fuerzas otomanas en la Guerra fueron eliminados por sus propios camaradas de armas turcos. Una vez exterminado este primer grupo, se avanzó con la destrucción de mujeres, niños y ancianos. La población, compuesta mayoritariamente por campesinos, zapateros, orfebres y carpinteros, fue expulsada de sus aldeas. Fueron desplazados en caravanas que duraban semanas enteras, en las cuales se cometía todo tipo de vejaciones (degollamiento, ahogamiento masivo y conversiones forzosas), por parte de la gendarmería, la denominada “organización especial” (un grupo creado por el propio gobierno a partir de criminales y asesinos sacados de las cárceles) y grupos kurdos. Los pocos que sobrevivieron fueron ubicados en campos de concentración y exterminio en una zona desértica de la actual Siria llamada Der-Zor.

América Latina, un lugar de refugio y justicia
Los armenios que llegaron a América Latina son parte de la diáspora global producto del genocidio. Muchos de ellos llegaron como huérfanos. Argentina, Brasil y Uruguay fueron los principales receptores de refugiados en Latinoamérica. Además de dar refugio, el primer reconocimiento del Genocidio Armenio en el mundo fue por parte de Uruguay en 1965.

La búsqueda de justicia y debida reparación ante las pérdidas y el sufrimiento de aquellos que pasaron por el genocidio y sus descendientes, es una responsabilidad que va más allá de los armenios y que incluye a toda la humanidad

En el año 2007 Argentina dictó una ley por la tolerancia de los pueblos que conmemora el genocidio y además dio su reconocimiento a través de un juzgado federal en el año 2011. Ese reconocimiento está basado en el denominado “derecho a la verdad” cuyo origen se vincula a la lucha contra los crímenes perpetrados en las últimas dictaduras cívico-militares de América Latina.

Argentina es el único en el mundo cuyos tres poderes han reconocido el genocidio armenio, producto de la articulación entre una sociedad civil solidaria y políticas de Estado que han contribuido a la protección de la memoria histórica. Así las víctimas y sus descendientes encuentran el primer paso en la protección de sus derechos ante aquellos que buscan asesinar la memoria e intentan ocultar el pasado a través de la negación. La negación es la última fase del genocidio, y es ante ella que se alzan las voces que reclaman memoria y verdad.

Argentina es el único país en el mundo cuyos tres poderes han reconocido el genocidio armenio, producto de la articulación entre una sociedad civil solidaria y políticas de Estado que han contribuido a la protección de la memoria histórica.

La búsqueda de justicia y debida reparación ante las pérdidas y el sufrimiento de aquellos que pasaron por el genocidio y sus descendientes, es una responsabilidad que va más allá de los armenios y que incluye a toda la humanidad. En este sentido, Latinoamérica fue pionera en el reclamo de Verdad y Justicia por el Genocidio Armenio, sentando un precedente e impidiendo que la impunidad y la negación conduzcan a su repetición.

*Universidad de Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras / E-mail: artinianjuanpablo@gmail.com

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