ANA NATALUCCI*

 La unidad de los trabajadores argentinos en un contexto de fuerte fragmentación sindical. La ausencia de conducción política del movimiento sindical frente al intento de recuperar su rol de mediación.

Natalucci3El pasado 29 de abril se trastocó algo de la dinámica sociopolítica inaugurada el pasado 10 de diciembre cuando asumió Mauricio Macri. Hasta entonces había habido marchas y actos con mayor o menor grado de organización; sin embargo, el acto convocado por la mayoría de los representantes sindicales trajo algunas novedades sobre las que es necesario reparar. Y tal vez, incluso, algunas consecuencias que hoy no podamos predecir. Varias crónicas intentaron sintetizar los sentidos del acto. Lo fundamental es que se trató de una convocatoria de la mayoría de los nucleamientos sindicales. Como es sabido, la representación de los trabajadores se encuentra sumamente fragmentada; por un lado, se ubica la de los trabajadores informales (principalmente por intermedio de la CTEP) y, por el otro, la de los formales. Asimismo, respecto a estos últimos, la representación se divide entre varios espacios, si bien no todos con la misma cobertura de sectores, ramas y cantidad de organizaciones de primer y segundo grado. En este contexto, la realización de un acto conjunto entre la CGT y la CTA, constituye una importante demostración de fuerza. Recordemos que el primero de muchos que le sucedieron había tenido lugar en el marco de la crisis de 2001.

Como es sabido, la representación de los trabajadores se encuentra sumamente fragmentada […] En este contexto, la realización de un acto conjunto entre la CGT y la CTA, constituye una importante demostración de fuerza.

Natalucci4La particularidad del acto del 29 se fundamenta en haber sido el primero que compartían las CGT y las CTA luego de traumáticos procesos de ruptura entre 2010 y 2012. Esta coordinación permitió la masividad de la marcha y la heterogeneidad de su composición. La segunda “primera vez” fue la participación de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular conformada con la intención de articular con la CGT y así avanzar en una alianza entre diferentes tipos de trabajadores, que finalmente no logró concretarse. Si bien durante el acto no tuvo una presencia significativa -por ejemplo, no hubo un orador propio-, instaló cierta idea acerca de la necesidad de repensar la entidad de trabajadores a la luz de las  transformaciones del capitalismo. ¿Alcanzan para la unidad sindical y de la clase trabajadora respectivamente? Por ahora parece más bien un inicio.

La particularidad del acto del 29 se fundamenta en haber sido el primero que compartían las CGT y las CTA luego de traumáticos procesos de ruptura entre 2010 y 2012. Esta coordinación permitió la masividad de la marcha y la heterogeneidad de su composición.

Tanto en el documento consensuado que leyó Juan Carlos Schmid como en la intervención de los oradores, pueden identificarse dos coincidencias. La primera es que la agenda planteada estuvo principalmente orientada a los trabajadores: reclamo de un plan antiinflacionario, 82% móvil para los jubilados, erogación del impuesto a las ganancias para la cuarta categoría, universalización de las asignaciones familiares y la no intromisión en la vida sindical. La segunda, que todos los oradores coincidieron en que la marcha no tenía representación política. Incluso Moyano sostuvo que su intención no era co-gobernar sino ser escuchado. No era una marcha contra el gobierno sino a favor de los trabajadores, una manera de convocar, de tender puentes con sectores que votaron al PRO y hoy se ven perjudicados con sus políticas.

[…] todos los oradores coincidieron en que la marcha no tenía representación política. Incluso Moyano sostuvo que su intención no era co-gobernar sino ser escuchado. No era una marcha contra el gobierno sino a favor de los trabajadores, una manera de convocar, de tender puentes con sectores que votaron al PRO y e hoy se ven perjudicados con sus políticas.


moyanoEsa expresión de no co-gobernar ha sido leída, en los análisis recientes, como la renuncia de los sindicalistas a hacer política. Antes de llegar a semejante conclusión habría que responder dos preguntas: ¿la prescindencia de Moyano en el balotaje debe entenderse sólo como un apoyo a Macri? ¿No se trata más de un distanciamiento respecto de la propuesta del kirchnerismo de conformar el Frente de Ciudadanos? Sobre la primera cuestión, es preciso señalar que la relación de Moyano con Macri puede leerse de dos maneras: o bien como un apoyo a su candidatura o bien como la posibilidad de ganarle al kirchnerismo. Esta segunda opción parece ser la respuesta acertada, si tenemos en cuenta que un gobierno como el de Macri les abre a los sindicalistas un mayor espacio para hacer política.

El kirchnerismo -por acción y por omisión- ha contribuido a la fragmentación del espacio sindical. Esta premisa que a priori puede parecer paradójica ha sido ya analizada respecto de otros momentos históricos. Se trata de la tensión entre sectores que representan intereses sectoriales y aquellos que aspiran a representaciones universales; esa tensión entre lo corporativo y lo político que está en el momento constitutivo del peronismo extendido desde octubre de 1945 hasta la disolución del Partido Laborista.

El kirchnerismo -por acción y por omisión- ha contribuido a la fragmentación del espacio sindical. […] Se trata de la tensión entre fracciones que representan intereses sectoriales y aquellos que aspiran a representaciones universales; esa tensión entre lo corporativo y lo político que está en el momento constitutivo del peronismo extendido desde octubre de 1945 hasta la disolución del Partido Laborista.

En relación con esto, podemos encontrar una punta para desentrañar la segunda respuesta. En el acto realizado el 13 de abril pasado frente a los Tribunales de Comodoro Py, la oradora principal Cristina Fernández de Kirchner instó a conformar un frente ciudadano para la defensa de los derechos socavados por el gobierno nacional. Poco después, el 20, CFK se reunió con organizaciones sociales en el ND ATENEO. Allí precisó los rasgos que debería asumir ese Frente Ciudadano. En primer lugar, hizo un llamado a que los dirigentes depusieran sus diferencias y se vuelquen a lo social. En segundo lugar, llamó a “retomar el contacto en las raíces de los trabajadores”, y en la misma dirección indicó que los peronistas tenían que aceptar que no habían sido los únicos que habían contribuido al proyecto [kirchnerista] tal como había sucedido en el ‘45 con el peronismo. Había que dejar el “verso” de “creerse la columna vertebral”. “¿Sabes qué? Si no tenés cabeza, la columna vertebral sola no camina”. Y así volvió a poner en el eje de discusión esa discusión que tal vez le costó la continuidad al proyecto iniciado en 2003.

Había que dejar el “verso” de “creerse la columna vertebral”. “¿Sabes qué? Si no tenés cabeza, la columna vertebral sola no camina”.

NatalucciCuando los sindicalistas y, sobre todo, Moyano, dijeron que ese acto no tenía representación política, no estaban diciendo que iban a dejar de hacer política. Esa frase que “no hay nada más representativo que el reclamo de los trabajadores” constituye un intento por recuperar su rol de mediación política. Ese sector ese 29 no llegaba a buen puerto, estaba diciendo que iba a partir, un plan de lucha que recién se inicia y que provisoriamente la unidad es unidad de acción para la defensa de los intereses de los trabajadores.

Cuando los sindicalistas y, sobre todo, Moyano, dijeron que ese acto no tenía representación política, no estaban diciendo que iban a dejar de hacer política. Esa frase que “no hay nada más representativo que el reclamo de los trabajadores” constituye un intento por recuperar su rol de mediación política.

Pero también dijeron que no hay quien se puede arrogar su conducción política. Eso todavía está en disputa.

*Doctora en Ciencias Sociales, Investigadora Adjunta CONICET y GEPSAC/IIGG/UBA. @ana_natalucci

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