AYELÉN OLIVA*

Los cambios en la política boliviana de la democracia pactada a la democracia intercultural. Escenario político de la última década. Consolidación de un nuevo orden democrático. 

El 13 de febrero de 2003, el retrato de Gonzalo Sánchez de Lozada, presidente de Bolivia, hombre de pelo blanco y  acento inglés, voló desde los balcones del primer piso de la sede del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) y se estrelló en una fogata rabiosa que lo esperaba en la calle para encender su figura. Ese mismo día, unas horas antes, cientos de ciudadanos se concentraron en plaza Murillo en rechazo a un proyecto de ley impulsado por el Ejecutivo, que buscaba incrementar impuestos y congelar salarios. Las balas que llovieron desde los balcones del Palacio Quemado provocaron el desmadre de la concentración. La protesta se esparció rápidamente por las calles de La Paz que, además de tomar la sede del partido de gobierno, irrumpió en la casa de los otros dos partidos tradicionales de Bolivia: la Acción Democrática Nacionalista (ADN) y el Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR). Destrozaron sus puertas, prendieron fuego documentos y acabaron con las imágenes impolutas de sus dirigentes. El pueblo boliviano pedía la renuncia del presidente. A los pocos meses, en octubre, se repitió la escena con más violencia. Los ciudadanos se levantaron en rechazo al anuncio oficial de exportar gas natural a México y Estados Unidos. La insurrección terminó con la renuncia de Sánchez de Lozada y su autoexilio en Washington.

Pasaron once años desde aquel octubre negro, de crisis política y hartazgo social, a este otro octubre de 2014, en que más del 60 por ciento de la ciudadanía boliviana renovó su confianza, por tercera vez consecutiva, al presidente Evo Morales. La política boliviana es otra. ¿Qué cambios dentro del sistema político permitieron pasar de la “democracia pactada” a la “democracia intercultural”? ¿Qué pasó en el escenario político durante esta última década? ¿Podemos decir que estamos en presencia de la consolidación de un nuevo orden democrático en Bolivia?

“Más del 60 por ciento de la ciudadanía boliviana renovó su confianza, por tercera vez consecutiva, al presidente Evo Morales. La política boliviana es otra”

Los partidos sin pueblo

En 1982, con el retorno a la democracia después de casi veinte años de regímenes militares, se inició una nueva etapa en la política boliviana que se extendió hasta la crisis del 2003. La dinámica se enfocó en la alternancia y los acuerdos de esos tres grandes partidos: el MNR, ADN y el MIR.

Fue el MNR (fundando en 1942 por Víctor Paz Estenssoro) el que recibió el golpe de Estado en 1964.  Fue ese mismo partido el que gobernó durante los primeros años desde la restitución del orden democrático. Ni lento ni perezoso, el dirigente de ADN, el ex dictador Hugo Banzer Suarez (1971-1978), detectó la capacidad del MNR en recomponer su fuerza y, con el partido como herramienta, comenzó a desplegar una estrategia enfocada en debilitar al último de los cuatro gobiernos de Paz Estenssoro (1985-1989).  El objetivo fue claro: tejer una alianza con el MIR para, de ese modo, evitar un nuevo triunfo del MNR.

El pacto se concretó. El MIR, creado en dictadura militar por diversas facciones de la izquierda boliviana, acordó con su verdugo y así llegó al poder en 1989. Ese año, Gonzalo Sánchez de Lozada (MNR), heredero del liderazgo de Estenssoro, ganó las elecciones con el 23 por ciento de los votos, en un tercer triunfo seguido del partido desde 1982. Banzer, salió segundo por menos de un punto y no soportó la idea de quedar afuera del poder durante otro mandato. Por eso, decidió cerrar un pacto con Jaime Paz Zamora, del MIR.

Como en ese momento no existía la segunda vuelta electoral,[1] si ningún candidato llegaba a la mitad más uno de los votos, el presidente se elegía en el Congreso. De este modo, el ADN de Banzer, apoyó la candidatura de la izquierda, tercera fuerza, y permitió que Paz Zamora llegara a la presidencia por medio de una jugada que impidió el ascenso de Sánchez de Lozada y la continuidad del MNR en el gobierno.

El 21 de abril de 1990, el diario El País de España publicó una declaración del secretario general del MIR, Óscar Eid, en la que se refirió a este acuerdo: “Si el país lo necesita, ¿por qué no vamos a conformar un único y poderoso instrumento político entre todos nosotros?».[2] El acuerdo entre el MIR y la ADN llegó, incluso, a crear ministerios sin cartera para conseguir que cada uno de los socios acceda al control de una porción del aparato del Estado.

Unos años más tarde, en 1992, Gonzalo Sánchez de Lozada (MNR) fue electo presidente gracias al apoyo que recibió de algunos partidos aliados en el Congreso. Luego, en 1997, el ex dictador Hugo Banzer Suarez llegó a la presidencia con menos del 23  por ciento de los votos.

“Los acuerdos políticos entre el MNR, MIR y ADN dieron forma a la ‘democracia pactada’, a una cadena de alianzas producto del instinto de supervivencia de los más poderosos”

Los acuerdos políticos entre el MNR, MIR y ADN dieron forma a la “democracia pactada”, a una cadena de alianzas producto del instinto de supervivencia de los más poderosos.  De los seis presidentes electos en Bolivia desde 1982 hasta el primer triunfo de Evo Morales, ninguno logró imponerse en las urnas con más del 35 por ciento de los votos. La débil legitimidad de los presidentes y su dirección política condujo a la crisis política más fuerte que atravesó Bolivia. El medio fue considerado un fin, y así, muchos hablaron del “monopolio partidista” sin poder diferenciar que el problema no eran los partidos, sino la ausencia de sus bases sociales. Como solución, se buscó incorporar nuevos mecanismos de democracia directa como el referéndum o la iniciativa legislativa popular, todas ellas medidas que profundizaban aún más la escisión entre los partidos y sociedad.

Si bien en este artículo buscamos acercamos a un análisis del sistema político desde el estudio de los partidos, y dejamos a un lado el rol político de las organizaciones sociales (sindicalismo, movimiento campesino y  pueblos indígenas) por considerarlo un tema profundamente complejo y que merecería un artículo aparte, la irrupción de Evo Morales sólo puede ser entendida gracias a esa fuerte tradición de organización política en la sociedad boliviana. Hecha esta aclaración, quisiera analizar algunos de los cambios que llegaron de la mano del Movimiento al Socialismo (MAS) y cuáles son las novedades que arrojó la última elección general.

“La irrupción de Evo Morales sólo puede ser entendida gracias a esa fuerte tradición de organización política en la sociedad boliviana”

El pueblo con partido

La primera pregunta que surge es: ¿cómo fue posible pasar desde el “que se vayan todos” a este apoyo sostenido y masivo a un partido político? Uno de los principales logros del MAS, desde su triunfo en 2005, es el hecho de recuperar el vínculo entre las organizaciones sociales y  los partidos políticos. Desde abajo hacia arriba, los movimientos sociales conformaron canales de participación que le  permitieron competir electoralmente, abandonar la idea de una democracia de elites y dar lugar a partidos democráticos.

Otro de los puntos a destacar es que el MAS se convirtió en el primer partido en asumir gracias a una mayoría absoluta de los votos. Recupera la idea de un partido popular que asciende con legitimidad social. Recordemos que en 2005 el MAS ganó con el 54 por ciento de los votos, en 2009 con el 64 por ciento y este año tuvo el apoyo del 61 por ciento de los bolivianos.

“[El MAS] recupera la idea de un partido popular que asciende con legitimidad social”

Ahora, ¿qué dejaron de nuevo los últimos resultados electorales? El rasgo más novedoso en comparación con los anteriores triunfos fue la capacidad de construir una verdadera fuerza de alcance nacional. El oficialismo parece estar dispuesto a ampliar sus zonas de influencia y contener un número cada vez más diverso de demandas populares. Evo dejó de ser el presidente cocalero que representa sólo a los campesinos indígenas y ganó en 8 de los 9 departamentos, muchos de ellos viejos opositores como Pando, Tarija y Santa Cruz, donde en 2002 sacó el 3 por ciento.

“Evo dejó de ser el presidente cocalero que representa sólo a los campesinos indígenas y ganó en 8 de los 9 departamentos, muchos de ellos viejos opositores”

Sin embargo, como si la fuerza política no pudiera ampliarse sino simplemente redireccionarse, la contracara de la expansión fue la reducción de los porcentajes de apoyo en territorios aliados. En La Paz, departamento donde en 2009 el oficialismo obtuvo un 80  por ciento de apoyo electoral, este año alcanzó un 69, una diferencia de 11 puntos. En Potosí cayó 9 puntos y  en Oruro se registró una baja de 13 puntos.

Por último, el oficialismo alcanzó 113 bancas en el Congreso, lo que equivale a un control de 2/3 del recinto. Esta mayoría le confiere una carta especial, la de una posible reforma constitucional que habilite una nueva reelección de Evo. El oficialismo prefiere no adelantarse a dar este debate por considerarlo apresurado.

La construcción de un nuevo sentido político

Los resultados de las últimas elecciones generales han confirmado la capacidad del oficialismo en construir un nuevo orden democrático. Ni represivo, ni autoritario, sino un nuevo orden entendido como convivencia armónica entre los diferentes sectores sociales. La construcción de una hegemonía que permita saltar el cerco de la democracia liberal a una democracia popular, intercultural y plurinacional. El MAS salió ganando la pulseada por la construcción de un sentido que, a su vez, está en constante cambio.

“El gobierno del MAS pasará a ser el gobierno más estable que haya tenido la historia reciente de Bolivia”.

En los últimos meses, el oficialismo ha dejado en evidencia su capacidad de representar a un número cada vez más amplio y heterogéneo de demandas. Posiblemente, esta composición diversa generará, a futuro, choques de intereses y roces de facciones, pero al mismo tiempo, la posibilidad de que todas las tendencias jueguen al interior de un mismo espacio político, conducido por el presidente Evo Morales. De seguir en este rumbo, el gobierno del MAS pasará a ser el gobierno más estable que haya tenido la historia reciente de Bolivia.

 

*Politóloga, UBA. Maestreando en Geopolítica. Investigadora del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG). 

[1] La nueva Constitución Política del Estado, promulgada en 2009, es la que incorpora la segunda vuelta electoral ante la falta de una mayoría absoluta.

[2] http://elpais.com/diario/1990/04/21/internacional/640648804_850215.html

Share This